Al entrar a la Universidad ayudé a organizar los Trabajos Voluntarios de mi facultad, asistiendo a la comunidad de las "casas chubi" de peñalolén, y empecé mi largo camino en política universitaria, desde delegada de curso hasta la FECH. El 2010, fui junto a miles a ayudar a reconstruir nuestro país. Conocí el pueblo de Retiro, VII Región, y no me moví de ahí hasta el año 2013, junto a los miles que conocí en TTVV FECH, con los que transformamos lo que significaba el voluntariado FECH y hasta el día de hoy siguen ayudando a levantar Chile desde sus convicciones y profesiones. El 2013 entré a trabajar a la fundación TECHO y terminé como voluntaria de un comité de allegados en Lo Espejo, ayudándolos en el complejo y arduo proceso de obtener la casa propia.
Hoy soy voluntaria porque me gusta, porque no concibo la vida en sociedad si no es cuidándonos y apoyándonos los unos a los otros, acompañando al de al lado a tener una vida digna y feliz. Llevo estos principios a mi profesión, mi trabajo político, mi vida social. Pero eso no explica el por qué.
Ayer entendí algo que no había dimensionado nunca. La vida que llevo, el lugar en el que estoy hoy, no es gracias a mí. Es gracias a esas personas que durante toda su vida, y sin pedir nada a cambio, me lo dieron todo porque yo tuviera la mejor vida que podría tener. Me dieron su tiempo, trabajo y amor. Me dieron seguridad, confianza en mí misma y las herramientas para armar mi propio camino y aún hoy me resguardan mientras aprendo a hacer uso de ello hasta poder levantar sola mi propia vida.
Gracias a mis padres son quien soy. Y cuando miro al lado... veo como miles no tienen la misma suerte que yo. La vida, las injusticias de una sociedad desigual y sus consecuencias cotidianas les juegan en contra. Me siento una privilegiada y no me gusta, no me parece justo. Es en esa posición que siento una responsabilidad enorme en lograr que esos miles puedan tener una vida que les de la misma seguridad, confianza y herramientas que me dieron a mí.
Yo lo obtuve gracias al trabajo y voluntad de otros. Me siento entonces en el deber de entregar mi trabajo y voluntad al servicio de otros. No basta con unas horas a la semana o unas semanas al año. Es un deber cotidiano, que yo ejecuto trabajando como antropóloga, participando en organizaciones políticas, apoyando a un comité de allegados a lograr su casa propia, celebrando a mis amigos, cocinándole a mi familia. Mi vida se la dedico a hacer de Chile un país más justo y feliz.
Con honor, responsabilidad y convicción soy voluntaria.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario