-.una tarde ante la animita de Romualdito.-
Un abuelo, de unos 80 años, pone su vela. Es amarilla, más gruesa que las demás. Lo veo hablarle, apuntarla con el dedo. Nos mira, nos llama. Nos cuenta que trajo esa vela porque es mejor, se consume enterita, no como las blancas, que no le gustan. Que había comprado varias, para venir a dejarle cada semana, porque el siempre venía. Con su mirada perdida más allá de nuestros rostros, quizás contemplando sus recuerdos, relata que viene del sur, que llego a los 19 años a Santiago, allí por 1942. Con memoria infalible, la voz constante, plagada de sentimientos, los ojos acuosos, habla como llegó a vivir con una niña, que esta murió joven; que había oído de Romualdito, porque así es como se llama, Romualdito Ibáñez Ivani, cuando llegó del sur, a esta misma estación. Que existen muchas historias, cuatro había oído él, pero la verdadera era la que su amigo le contó, allá por 1942, cuando el tenía 19 años, y venía llegando del sur.
Romualdito tenía 40, pero mente de niño, pues era enfermo mental. Aún así cuidaba a su padre, trayéndole el almuerzo todos los días, ya que era conductor de ferrocarril, en la estación Central. Un día lo asaltaron, le robaron lo que tenía, fíjese usted, lo mataron aquí mismo, donde estamos ahora, mucho antes de que yo llegara, a los 19 años, desde el sur, en 1942.
En 1942 llegué, contaba, pero vine aquí recién en 1952. yo trabajaba en el fundo, cortando uvas, decía, y se acordaba perfectamente del día que murió el padre Alberto Hurtado, que él, fijese usted el destino, murió justo cuando el había vuelto del fundo, porque le dolía una muela. Se había ido a ver la muela, que le dolía, y le dijeron que debía ir al hospital de la católica urgente. El doctor creía que estaba muy enfermo, porque tenía manchas en la piel, pero yo le decía que era por las pulgas, porque él trabajaba en el fundo, cortando uvas, y allí habían pulgas de humanos, no como las de perro, y que eso lo tenía todo manchado.
Fue él al hospital, y allí le contaron que estaba agonizando el padre Alberto Hurtado. En camilla quedó el abuelo, donde habían muerto 2 personas antes, y que él decía que sería el tercero. Todos en su pieza murieron, el salió curado, con la piel más blanca de todas, fíjese usted.
Él era pobre, decía, vivía en el hogar del Padre Alberto Hurtado, que él había conocido. Había vivido en otras casas, pero la gente allá era mala, la mujer tenía otro hombre, su marido se había muerto. Hay que casarse con amor, decía, no con maldad, porque con maldad, todo sale mal. Que el se habría podido casar muchas veces, pero que él no había querido, porque no la amaba, y sin amor uno no se debe casar, porque todo sale mal.
Y sí, ahora vivía en el hogar, a sus 84 años, cuando no le quedaban más de 2 ó 3 años de vida, porque antes había tenido plata, pero la había gastado toda, bailando, tomando, en mujeres, en vino. Que casi murió varias veces, pero que Díos y Romualdito lo habían salvado. Y que ahora no tenía mucho, pero que compraba velas a Romualdito, y al padre Hurtado, que él había conocido.
Cuando tenga plata arreglaré la vereda aquí, decía, que está tan fea. Porque soy pobre, pero Dios también fue pobre, y así me alejo de la maldad. Y ando con mis cosas conmigo siempre, que me cuidan, y nos mostró su rosario de cuentas negras, que había comprado en la gruta de Lourdes, a mil ochocientos pesos, que era mucho, pero que lo valía.
Ve su vela otra vez, que es amarilla y mejor que las blancas, no dice, porque se consume enterita, no como las otras, que quedan todas desparramadas. Pero que el viento la está moviendo, y por eso está algo esparcida.
Y se despide de nosotras, preguntándonos cuando lo volveríamos a ver. Que el venía el martes a dejar otra velita amarilla, de las buenas, pero que el lunes no por que es fiesta, pero el martes sí.
Camino hacia la Alameda, ya en su ajetreo natural. Cuchicheos, compra y venta, tráfico normal. Pero yo pienso en un viejito, de 84 años de edad. La edad aproximada del mismo Romualdito, de su animita, en realidad.
Un momento de mi vida,
un instante de recuerdo eterno
memoria de un segundo
segundo de una memoria
memoria de un pueblo
mi pueblo
mi recuerdo
• .•. δαγιαλ .•. • ∫
... † Παŋα Иσ Zγσμσμ .•.•‡ •
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